Por: Tulio Zuloaga Pérez
Día Primero
Hoy es el peor día de mi vida. Por primera vez en 10 años, ella, mi amada esposa se aleja de mí. Se me bajó la tensión, realmente me sentí mareado cuando la vi cruzar la puerta de embarque. Sabía que pasarían muchos días antes de volverla a ver. Unos minutos antes estaba junto a mí, diciendo palabras bonitas que yo parecía no escuchar, claro, estaba como una tortuga hundido en mi caparazón tratando de evitar que algo externo me atacara, el problema, y no caí en cuenta a tiempo, es que el mal que me acaería sería netamente interior. Innecesario caparazón. Tome a mis pequeños magdalenitos de la mano y les fui arrastrando hasta la salida, ellos chillaban como si les hubieran propinado un tiestazo en el corazón. Su madre partía y ellos ahí indefensos, tirados a la simple soledad. Durante el camino de regreso no se dijo una palabra, yo, el gran papá iba disfrazado con senda máscara de alegría postiza para que ellos no sufrieran; pero me estaba enloqueciendo al igual que ellos. Las horas pasaron, pegajosas, parecían no querer desprenderse del reloj, malditos minutos elásticos, estaban como multiplicados por 100. Jamás imaginé que dos almas se pudieran juntar de tal manera, que a la ausencia de una, la otra empezara a opacarse y a perder su vitalidad.
Afortunado, eso dirían muchos, allá va la cantaleta y por un atisbo de tiempo, vuelve la calma. Ojala mi corazón entendiera dichos términos, pero pareciera que su sonrisa y sus palabras fueran el viento que alimenta las llamas de mi hoguera. Sigo sin sentido, el día no avanza, menos cuando todo en lo que pienso es, en qué momento sonará el teléfono y podré escuchar su voz al otro lado. Que falta tan agobiante, qué agonía más absurda, esto no corresponde a un corazón del siglo XX, su amor me atrapó en algún doblez del tiempo antiguo y me quedé allí, prisionero y ángel.
Buenas noches mi amor, espero que mi intranquilidad sea tu calma. No puedo desearte lo mismo que deseo yo. Te veré en mis sueños.
Día segundo
Esta es mi segunda noche sin dormir, y muy a pesar de que me he reventado trabajando para esconderme del tiempo, el agotamiento físico no ha logrado superar la confusión de mi espíritu. Así es, me acuesto muy tarde, totalmente vencido y empiezo a arrastrarme de lado a lado de la cama. Estoy dormido, pero vigilante. Me profundizo por un momento; pero al mirar el reloj han pasado solo 5 minutos... y yo los sentí como 2 horas largas. Aquí está nuevamente el tiempo, alargándose como una melcocha. Un vacío seco me hace calambres en el estómago. ¿Estará ella tan ansiosa como yo?
Yo sé que tú nunca podrás entender mi forma de sentir, la absurda dependencia que tengo de tu amor; pero es que mis dimensiones son distintas a la de la mayoría de los seres humanos, yo en cambio no fui creado por Dios, no; El me sacó del barro, eso es cierto, pero quien me dio la vida fuiste tú. Vida desde el día en que te conocí. No es mentira, el amor es el creador de todas las cosas. Recorro el apartamento, como un fantasma, manteniendo el silencio que se desliza por entre las sombras. Nuestros pequeños están perdidos en el mundo de sus sueños, que envidia, que par de duendes poderosos me has regalado. Al menos a hoy, los Magadalenos olvidaron su cruz. Ellos ya no te están llorando, mi alma si.
Recojo mis cosas y salgo a la calle, son las 4 de la mañana. Voy a la oficina a asesinar tu recuerdo y a ver si la desesperación no me persigue hasta a donde voy.
Buenas noches princesa, espero que mi insomnio sea tu sueño. No puedo desearte lo mismo que deseo yo. Te veré en mis recuerdos.
Día Tercero
Hoy el día ha comenzado igual. A pesar del silencio, ya puedo respirar mejor, como si una especie de calma me hubiese sido regalada entre tanto dolor. Se que a donde te encuentras se está acercando un huracán, me siento culpable; porque sé que esa tormenta la está causando mi psique. Mi corazón empezó a dar vueltas y cuando menos lo imaginé, estaba arrastrando con el a los vientos del caribe, me apena lo sucedido; pero no existe ser que pueda controlar el arrebato de un amor sincero, no hay quien pueda amarrar la fuerza de un sentimiento. Estoy aquí, en mi ritual matutino de esperar tu llamada. El timbre del teléfono parece la voz de Dios. Que cantidad de vida me regalas cuando te descubro dentro del auricular.
Día cuarto
Cada día tengo menos que contar. Paso las horas metiéndome por ahí, escapando de la soledad. Cada día tengo menos vida. Mi alma ha sido exprimida.
Día quinto... y último
Y dicen que nadie se puede morir de amor.
¿Cómo entonces me encuentro yo tan muerto?
Día Primero
Hoy es el peor día de mi vida. Por primera vez en 10 años, ella, mi amada esposa se aleja de mí. Se me bajó la tensión, realmente me sentí mareado cuando la vi cruzar la puerta de embarque. Sabía que pasarían muchos días antes de volverla a ver. Unos minutos antes estaba junto a mí, diciendo palabras bonitas que yo parecía no escuchar, claro, estaba como una tortuga hundido en mi caparazón tratando de evitar que algo externo me atacara, el problema, y no caí en cuenta a tiempo, es que el mal que me acaería sería netamente interior. Innecesario caparazón. Tome a mis pequeños magdalenitos de la mano y les fui arrastrando hasta la salida, ellos chillaban como si les hubieran propinado un tiestazo en el corazón. Su madre partía y ellos ahí indefensos, tirados a la simple soledad. Durante el camino de regreso no se dijo una palabra, yo, el gran papá iba disfrazado con senda máscara de alegría postiza para que ellos no sufrieran; pero me estaba enloqueciendo al igual que ellos. Las horas pasaron, pegajosas, parecían no querer desprenderse del reloj, malditos minutos elásticos, estaban como multiplicados por 100. Jamás imaginé que dos almas se pudieran juntar de tal manera, que a la ausencia de una, la otra empezara a opacarse y a perder su vitalidad.
Afortunado, eso dirían muchos, allá va la cantaleta y por un atisbo de tiempo, vuelve la calma. Ojala mi corazón entendiera dichos términos, pero pareciera que su sonrisa y sus palabras fueran el viento que alimenta las llamas de mi hoguera. Sigo sin sentido, el día no avanza, menos cuando todo en lo que pienso es, en qué momento sonará el teléfono y podré escuchar su voz al otro lado. Que falta tan agobiante, qué agonía más absurda, esto no corresponde a un corazón del siglo XX, su amor me atrapó en algún doblez del tiempo antiguo y me quedé allí, prisionero y ángel.
Buenas noches mi amor, espero que mi intranquilidad sea tu calma. No puedo desearte lo mismo que deseo yo. Te veré en mis sueños.
Día segundo
Esta es mi segunda noche sin dormir, y muy a pesar de que me he reventado trabajando para esconderme del tiempo, el agotamiento físico no ha logrado superar la confusión de mi espíritu. Así es, me acuesto muy tarde, totalmente vencido y empiezo a arrastrarme de lado a lado de la cama. Estoy dormido, pero vigilante. Me profundizo por un momento; pero al mirar el reloj han pasado solo 5 minutos... y yo los sentí como 2 horas largas. Aquí está nuevamente el tiempo, alargándose como una melcocha. Un vacío seco me hace calambres en el estómago. ¿Estará ella tan ansiosa como yo?
Yo sé que tú nunca podrás entender mi forma de sentir, la absurda dependencia que tengo de tu amor; pero es que mis dimensiones son distintas a la de la mayoría de los seres humanos, yo en cambio no fui creado por Dios, no; El me sacó del barro, eso es cierto, pero quien me dio la vida fuiste tú. Vida desde el día en que te conocí. No es mentira, el amor es el creador de todas las cosas. Recorro el apartamento, como un fantasma, manteniendo el silencio que se desliza por entre las sombras. Nuestros pequeños están perdidos en el mundo de sus sueños, que envidia, que par de duendes poderosos me has regalado. Al menos a hoy, los Magadalenos olvidaron su cruz. Ellos ya no te están llorando, mi alma si.
Recojo mis cosas y salgo a la calle, son las 4 de la mañana. Voy a la oficina a asesinar tu recuerdo y a ver si la desesperación no me persigue hasta a donde voy.
Buenas noches princesa, espero que mi insomnio sea tu sueño. No puedo desearte lo mismo que deseo yo. Te veré en mis recuerdos.
Día Tercero
Hoy el día ha comenzado igual. A pesar del silencio, ya puedo respirar mejor, como si una especie de calma me hubiese sido regalada entre tanto dolor. Se que a donde te encuentras se está acercando un huracán, me siento culpable; porque sé que esa tormenta la está causando mi psique. Mi corazón empezó a dar vueltas y cuando menos lo imaginé, estaba arrastrando con el a los vientos del caribe, me apena lo sucedido; pero no existe ser que pueda controlar el arrebato de un amor sincero, no hay quien pueda amarrar la fuerza de un sentimiento. Estoy aquí, en mi ritual matutino de esperar tu llamada. El timbre del teléfono parece la voz de Dios. Que cantidad de vida me regalas cuando te descubro dentro del auricular.
Día cuarto
Cada día tengo menos que contar. Paso las horas metiéndome por ahí, escapando de la soledad. Cada día tengo menos vida. Mi alma ha sido exprimida.
Día quinto... y último
Y dicen que nadie se puede morir de amor.
¿Cómo entonces me encuentro yo tan muerto?
1 comentario:
Definitivamente eres un ser especial, muy inspirado y muy inspirador
Dormida y vigilante, asi son muchas de mis noches....
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