Por primera vez, y después de tantos años, ella le pudo sostener la mirada y, sin sonrojarse, le lanzó una sonrisa pícara y llena de gracia; era como si por fin hubiese entendido que su destino era partir con él ahora que ya sobrepasaba la pubertad del tiempo. Sin temores y carente de toda moralidad se lanzó sobre su cuerpo adormecido y le arrancó el corazón… “Al final de una vida” Tulio Zuloaga Pérez

sábado, septiembre 02, 2006

LA MUERTA DEL PARQUE “LA AURORA”

Tulio Zuloaga Pérez

Rebeca corría desesperada y el golpe seco de sus tacones contra el asfalto sonaba tal cual una lluvia brusca de pocas gotas. Por más que lo intentaba sussu cuerpo le cobraba la cuota del sedentarismo de los últimos años. Se desplazaba lento, por másy aun que se esforzaba, sentía como si estuviera corriendo bajo el agua, y en un desafortunado traspié fue arrojada de boca contra el rugoso suelo. El silencio era tan absoluto que pudo escuchar con claridad la ruptura de la piel de su barbilla contra aquel rayador de cemento. La sangre explotó, tal vez impulsada también por el exagerado bombeo de su corazón agitado. El sonido abrupto de su espiración rasgaba la densa niebla que le envolvía, y a pesar del miedo se quedó allí, tirada, como representando la obra viva de la siniestra escena de una muerte en el parque. Cerró los ojos esperando el zarpazo de algo desconocido; pero los minutos pasaron y nada sucedió, solo la sinfonía de los sapos en la noche y uno que otro sonido huérfano proveniente de la avenida que rodeaba al antiguo parque de La Aurora.

Rebeca comenzó a recrear el momento apenas pasado, cuando al regresar de su trabajo como administradora de un pequeño almacén de ropa, decidió aventurarse y cruzar la noche a través del verde bosque que sostenía aquel pulmón de la ciudad, y ni siquiera lo dudó, a pesar de que por lo menos 1 vez al mes quedaban allí los despojos mortales de algún individuo incauto que, como ella, se refugiabanrefugiaba en el manto boscoso para acortar camino, o para entregarse a los placeres del sexo, el alcohol, el humo e incluso, para realizar uno que otro acto oculto de satanerìa o simple brujería blanca. Pero esa noche, en especial, parecía que todo el universo se hubiera puesto de acuerdo para dejarla a ella sola en medio de la noche del "parque del amanecer ", sola, para que presenciara en todo su apogeo el trabajo de la muerte., a la que había sido tan esquiva, a la que le tenía terror.

Salió del almacén y se cercioró de que la cortina de hierro se hubiera posado correctamente sobre la base de los candados, los apretó con fuerza y miró su reloj para comprobar que había sobrepasado su horario habitual esperando que su nuevo amigo y casi amante de turno le viniera a recoger. Pero sus ilusiones se fueron desvaneciendo al igual que los minutos en el reloj publicitario de la pared. A las 11:30 p.m. dio por cancelada su cita y prefirió ni marcar al celular del tal José María, el idiota que en esos instantes le hacía rabiar. Al mirar hacia la calle sintió miedo, porque el almacén estaba ubicado en una de las zonas de tolerancia de la parte central de la ciudad, así que la única compañía era una que otra chica de la mal llamada "buena vida" y un par de borrachos sin dinero tratando de ligarse a la primera que cediera a sus encantos. Rebeca apresuró el paso y cruzó al otro anden del frente para no tener que toparse con ninguno de estos despreciables seres que acechaban la noche, porque aunque era de todo, menos bonita, flaca o joven, a los ojos del alcohol, podría ser un buen bocado pasajero.

En la oscuridad aquel hermoso nido de verdes y amarillos se presentaba como una garganta seca, y manchada de por la neblina; pero esto le ahorraría las 5 cuadras que debía caminar para rodear el parque de La Aurora hasta la estación de buses de la Avenida principal. No lo pensó dos veces y se internó, ¿qué podría pasar?, era ella una entre 10.000 personas que a diario debían pasar por allí, las proporciones de algún suceso eran bastante reducidas, así que caminó decidida;, aunque helada por el frío y el temor, apresuró el paso hasta donde sus delgados tacones se lo permitían, si no hubiera sido por lo sucio del piso, Rebeca seguramente hubiera corrido descalza y abría escapado velozmente de las fauces obscuras de aquel bosque lúgubre e intimidante. Algo le sorprendió, no se había cruzado con nadie, ni con un maleante, o borracho, o chulo, o prostituta, o atrevido provocador; el parque no olía a marihuana, o a azufre, o a sexo, no se oía nada, solo el ensordecedor pito del silencio que lte golpeaba los oídos. Bajo estas circunstancias no sabía si estar agradecida o asustada por su extraña fortuna. Al llegar al corazón de aquel territorio sus ojos se chocaron con una poderosa fuente, que aun a esa hora, escupía sin pudor un elevado chorro de agua, para ella fue consolador escuchar al menos el rugir del líquido rompiendo el aire. Se quedó allí por algunos minutos observando los tonos plateados que desprendía aquel oleaje horizontal al chocar contra los rayos de la luna, parecía estar desprendida de sí misma durante esos instantes, como si hubiera entrado en actitud meditativa sin proponérselo.

Un chasquido seco la saco de su ensimismamiento y después de pensarlo por unos minutos, caminó vacilante hacia el lugar de donde provenía aquel curioso sonido. El chasquido se repetía, cada vez más fuerte y ya no tan seco, como si el golpe lo estuviera amortiguando algo duro que se había quebrado, entonces se repitió dos veces más, pero estos los finales rebotes sonaron ahora líquidos. La sangre le llenó las sienes, y aunque no se podía mirar, Rebeca supo que todas las frágiles venas de sus ojos se habían empezado a reventar; estaba aterrada, porque pues intuyó de inmediato que a tan solo unos pasos alguien habían golpeado a algo o a alguien hasta hacerle sangrar. Supuso que los golpes que había escuchado habían sido propinados en launa cabeza de ese alguien, con algún objeto grueso de madera o de metal ya que la cadencia desde el primer porrazo chasquido seco, continuó fue seguidao por sonidosotros blandos y luego otros líquidos;, como un cráneo que había cedido al inclemente y repetido ataque de un despiadado mazo. Rebeca no sabía qué hacer, en ese momento, más que la curiosidad, le ganó la angustia, porque ya que inmediatamente relacionó aquel desastroso hecho con la ausencia de José María;, entonces sintió un pesar enorme al pensar que talvez había juzgado mal a su amigo, que mientras le maldecía por su incumplimiento, este yacía moribundo en el parque; pero no, esta posibilidad era tan estùpida como remota pues la cita que habían acordado era apenas después de salir del trabajo, a eso de las 7 p.m. y en este momento eran aproximadamente 20 minutos después de las 121 de la noche, así que Rebeca sabía que a un suspiro de distancia se encontraba tal vez el cadáver de un desconocido y allí, frente a éel, su inquisidor.

Al darse cuenta que tan cerca estaba de aquel peligro mortal quiso gritar; pero la se pondría en evidencia, así que corrió, al principio en puntillas y luego se desencadenó en un desenfrenado golpetear sobre el piso. Sabía de sobra que el asesino la tenía que haber escuchado y por eso no se pensaba detener; pero infortunadamente hasta que se desplomó unos metros más adelante.
Unos minutos después Como un soplo se incorporo y por fin cayó en cuenta de descalzarse. Quería salir corriendo pero algo se lo impedía, miró a su alrededor para descubrir que aún se hallaba sola, que nada la estaba persiguiendo y que el silencio, alentado por la sinfónica anfibia, seguía siendo su única compañía. ¡Que tonta!, pensó para sus adentros, tenía la oportunidad de huir y sin embargo, seguía allí quietainmóvil, en medio de aquella absurda situación. Buscó cuidadosamente tratando de encontrar con sus cansados ojos, el pequeño bolso que llevaba en su mano derecha al momento de caer, pero no estabacomo era café oscuro, iba a ser muy difícil encontrarlo entre las sombras que esparcían los árboles sobre el camino. Sin pensarlo se sacó de entre el sostén un mal doblado pañuelo de pequeño papel que había puesto allí dos horas antes, al arreglarse la pintura de los labiosentrara al bañ, se limpió la barbilla, pero extrañamente no había sangre, y luego se miró la camisa de flores, talvez la única más fina que tenía, para comprobar que ni siquiera estaba sucia. Se devolvió con la mirada hacia el lugar de donde hacía unos segundos, quería huir a como diera lugar, y a pesar de que mientras corría le juró a Dios mil veces penitencia si la alejaba de aquel lugar, ahora solo pensaba en regresar, tal vezquizás por humanidad con el pobre desgraciado, o tal vez, por simple curiosidad morbosa. Salio del camino marcado por pequeños ladrillos incrustados en la arena con sus zapatos en la mano, y empezó a acercarse al punto donde empezó su pesadilla. No caminaba, mas bien volaba de miedo, pues su desplazamiento era tan cuidadoso que ni el mejor sabueso se hubiera dado cuenta que ella estaba allí.

Su cara estaba pintada por las sombras de los arbustos y descubrió, en el centro de un claro, a un hombre apoyado sobre una pobre mujer, realizando una danza sexual, penetrándola una y otra vez, enlodado en la sangre que fluía de la cabeza de su víctima, el victimario se gozaba cada segundo de placer mórbido, mientras la chica convulsionaba escupiendo vid roja por sus labios. Rebeca quedó como inconciente aun en plena vigilia, no se podía mover, quería saltar sobre ese maldito y arrancarle la piel a mordiscos; pero ya no podía hacer nada, aquella mujer, ahogada por su sangre, con posible muerte cerebral, ya no se podría salvar, al menos, y para su escasa fortuna, seguramente ya nni siquierao se estarìa dando cuenta deía lo que le estaba sucediendo.
Rebeca trató de llorar pero no pudo y sin saber por qué, se empezó a quedar inmóvil, quizás el terror le estaba paralizando las articulaciones. Sintió nauseas, dolor de cabeza, un sabor salado en la boca, y aunque fuera por solo curiosidad, no podía dejar de mirar a esa pobre miserable que se despedía del mundo de la forma más cruel que cualquiera se pudiera imaginar. Quería abrazarla, darle una voz de aliento, y con la mente trataba de llamarla, y como si esto último hubiera funcionado, la joven giró su cabeza y clavó su mirada vacía en los aterrados ojos de Rebeca y se quedó así mirándola todo el tiempo que aquel bastardo se masturbó con ella. Cansado, aquella bestia mal vestida, con disfraz de hombre, se levanto, guardó su arma de carne con la que había rasgado una y otra ves el sexo de aquella desconocida, recogió pateo un robusto tronco rodillo de los de amasar gigantes y lleno de sangre, lo metió dentro de su gabán y se dirigió a la fuente a lavarse las huellas de su putrefacta acción. Rebeca quiso acercarse a la víctima; pero algo se lo impedía, se sentía ella la atacada y lo único que podía hacer era mirar a la desdichada rezongar sobre el barro que había formado con sus líquidos.

Rebeca cerro los ojos, y por primera vez se dio cuenta de que no sabía qué estaba haciendo en medio de ese parque; por su mente pasaron mil imágenes:, Eella nunca cruzó la calle, de hecho recordó que José María si la había venido ido a recoger, salieron, se iban riendo en el auto, él le ofreció licor;; pero al beber de la de aquella pequeña botella metálica en la que él siempre cargaba Whisky barato, se había sentido mareada y adormecida. Un rato después abrió los ojos y se vio debajo de él, se levanto como pudo y le arañó la cara, él le propinó un golpe seco con lo primero a lo que se pudo asir, ella cayo mareada, lo pateó en la espinilla y él, como respuesta, se enloqueció a darle con un pesado palotronco.

Sse sentía pegajosa y mojada y no entendía bien qué estaba sucediendopasando, le veía la cara deformada y veía veía que José se movía sobre ella de forma sinuosa, como si le estuviera haciendo el amor; pero ella no sentía nada, la cabeza le zumbaba y no comprendía si estaba soñando o se había emborrachadoera un horrendo delirio causado por el alcohol, entonces y no recordaba nada.

Vio que se encontraba cubierta por la luna y que un halo rojizo le pintaba todo lo que miraba, y aquel amigo brincaba sobre ella como un perro enfurecido; pero ya ella estaba como muertano sentía ni oía nada.

Abrió los ojos desconcertada para descubrir que aquel despojo humano que yacía tirado en medio del pequeño claro tenía su misma camisa, la única fina que tenía y al lado, encontró con la mirada, su pequeña cartera. Miró hacia la fuente y se encontróchocó con, la cara, ahora limpia, de José María, su amigo, su casi amante que bebía de la misma lata de Whisky de la que ella había tomado. No quería hacerlo; pero se tuvo que volver voltear a mirar a la moribunda, y allí, en su último halo de luz, descubrió que era ella, … ultrajada, violada, golpeada, asesinada...
El maldito caminó dando tumbos por la arboleda y desapareció, con la vida de Rebeca entre sus manos.

1 comentario:

Unknown dijo...

Si solo fuera eso, un cuento, que tristesa es una realidad a la que estamos expuestas todas las mujeres...... si solo fuera un cuento.....


Creo que seria importante hacer las correciones de gramática y ortografía la lectura sería más agradable. existen muchas palabras pegadas y escritas dos veces en el mismo espacio.

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Acerca de mí

Técnico automotriz. Miembro de la junta de LA CAMARA DE TALLERES de Antioquia (Asopartes), Suplente de la Junta Automotriz de FENALCO Antioquia, Gerente de TECNIAUTOS FIAT, Fundador del GRUPO TAREA y proponente de la "PSICOLOGIA AUTOMOTRIZ"